miércoles, 29 de diciembre de 2010

lejanias

Amarga la vida y amargo el café, decía con un tono único y sempiterno era como una frase de cliché, que se podía apreciar todos los días a primera hora la de mañana, yo la verdad nunca dude del peso o del sentimiento con las que pronunciaba esas palabras pero si me preguntaba por qué cuando sonreía cerraba los ojos, se le veía muy lejos como flotando, siempre despreocupada, todo un personaje sacado de las más entrañables mentes pero al final era solo ella; Y como no iba a serlo, era inevitable caer rendido por la luz que despedía, todo aquel que la conocía se sentía incontrolablemente atraído hacia ella, INCONTROLABLEMENTE...!

Me parecía que... ¡no!, más bien tenía la certeza que conmigo era mejor que con cualquier otro que ella halla estado, siempre me lo decía, al oído y en cartas de amor y en frente de sus amigos, para mí era suficiente pero yo sabía muchas cosas de ella, así sabia las cosas que me decía y las cosas que callaba y saber que era el mejor de una serie de fracasos y decepciones, me ponía devuelta en mi lugar. La mañana suponía un encuentro después de la despedida fatídica de cada noche, nunca dejaba de cambiar, era como el viento, incluso después de respirar era una persona diferente, le encantaba estar incomoda, de todos los lugares donde más le gustaba sentarse era en mis piernas y cada noticia suponía un abrazo y ni hablar de las despedidas, siempre larguísimas o más bien lo necesario.

No le gustaba que le dijera de otro modo más que el apodo que le puse aquel día en el mar, parecía llevarse bien con la idea, era un juego de palabras con su nombre pero este es un secreto que no le gustaba admitir así como otras cosas sucias que no le gustaba admitir que le gustaban en cierto modo.
Recuerdo el día que me fui, no podía apartar la vista de ella, estaba comiendo una manzana roja carmesí casi como brillante, mientras sus dientes encajan la carne de la deliciosa fruta podía oír el crujir en sus dientes, era un espectáculo carnívoro y sensual nada que ver con el simple hecho de comer una fruta de otra persona común y corriente, poco a poco sus pálidos labios rosa se volvían mas y mas rojizos como un vampiro recién saciado de su sed, me dije a mi miso:
-ya lo decidí, hoy no voy a ir a trabajar, y después de todo un ritual para vestirse, rápidamente nos volvimos a desvestir en un violento y único despojo de todo, pero estaba calmado, parecía que el tiempo nos había perdonado ese día y que esa noche no envejeceríamos, solo por esa noche.

Luego de una pausa infinitésima en mi alma tocaron a la puerta pero no quería ir a ver quién era, estaba demasiado ocupado sintiendo su cálida oreja sobre mi pecho, pero como todo es posible con la motivación correcta entonces me levante para descubrir quien podría ser, pues no teníamos muchos amigos y una visita a tan tempranas horas de la mañana era extraño.
Cuando abrí la puerta no había nadie, y pensé en celebrar que podía alargar la estadía en el escondite de su regazo, salí al balcón al final del pasillo para estirar las manos en forma de victoria, mirando al sol directamente con los ojos cerrados para recibir su bendición, cuando baje la mirada observe a un hombre de aspecto grotesco alejándose, para poder describirlo más precisamente, tenia forma de diputado, un ovalado con el centro de gravedad dislocado, gordo de barriga y angosto de piernas y con un complejo por la calvicie notable a larga distancia. Le grite para saber que se le ofrecía y cuando me oyó se regreso sobre su paso lento y tambaleante y cuando estaba frente a mi saco un pañuelo y se seco la frente y dijo: Has sido deportado, tu estadía en el país representa un delito, tiene que desalojar en 24 horas, ya había dejado un aviso pegado a la puerta hijo pero preferí decírtelo en persona, no se concretamente la razón, yo solo soy un mensajero, es una lástima parecías tener un futuro brillante.

• Maldito cerdo, Pensé. espere que se largara y regrese para leer la nefasta carta




“”Proponerle algo no es difícil porque cuando le hablo ella me envuelve con su calidez y termina adivinándolo antes que se lo diga pero muy a su manera, sin embargo nunca le he propuesto nada para el resto de su vida.””

Cuando regrese a la habitación ya estaba con el diario, nunca se apartaba de ese odioso periódico, siempre lee las noticias y exclama en vos alta las injusticias o incluso las malas intenciones del medio, yo por mi parte ya no me interesa lo que sucede , sinceramente podrían terminar con la dictadura del gobierno y mi vida no cambiaria un ápice, soy un despreciable egoísta por pensar así, lo sé pero ella esta consiente que no es mejor que quejarse con las paredes y no hacer nada por eso no hablamos del tema, si llegara la situación de necesitar tomar acciones entonces no haríamos nada, no tomaríamos partido y ella lo sabe, nos es suficiente con sernos fiel a nosotros mismos.

Ahora es cuando, siempre pensé: si me sacrifico por los que amo, no me quedare para enamorarme, pero cuando ya no quede un pedazo de tierra para ocultarnos tendremos que luchar, y así fue como hui de mi vida, le deje todo y lo único que tenia a quienes no saben si quiera que existe, me recorrían y recorrían las ideas por mi mente “sin alcanzar una razón.”

Tenía que decirle algo, cualquier cosa porque sabía que lo único que no me perdonaría seria el silencio, entonces le mostré la carta y no dijo nada, la arrugo y la tiro y luego me invito a terminar de desayunar, el resto de la mañana paso igual que las otras, entre chistes tontos, mordiscos y caricias, no estaba listo era demasiado pronto aun así ya habían decidido por mí, empaque unas pocas cosas y ella me ayudo con algunas cosas importantes como un cuaderno un frasco con pastillas y un poco de mezcalina y muchos lápices, arranco unas páginas de su diario y las puso en medio del cuaderno y prometió que me alcanzaría, antes de partir subimos a la azotea por instinto, o tal vez por la ingestión de la droga o porque realmente había que ir a ese lugar, no lo sé, desde arriba se apreciaba a unas cuantas calles las fuerzas armadas saludando a la bandera en una plaza, desde ahí sentí que algo tenía que suceder, pensé en gritarles para luego saltar pero me gano ella, después de un chirrido de maldiciones soltó toda la droga al viento, no se para que, supongo que tenía que volver a casa y no quería llevar nada consigo o tales esperaba que el viento llevase el polvo hasta donde estaban los cerdos. Cuando estábamos bajando por las escaleras juagando y corriendo me entro un frio gélido que solo había sentido pocas veces, comencé a sudar en grandes cantidades y a desenfocar la visión, pero ella parecía estar bien, lo raro es que no la encontraba por ningún lado, el entre piso entre una escalera y otra se volvió gigantesco y escandaloso contrario al techo del edificio, pero porque estaba solo, seguí avanzando hasta llegar al destino, lo cual es siempre lo más inteligente pero se me dificultaba el moverme entre paredes y barandales cuando llegue a la entrada tropecé con un bulto …. Era ella, yacía en el suelo con las manos sobre su estomago como blanca nieves con los ojos cerrados y disimulando una risa

• ¿porque tardaste tanto? Pregunto, llevo siglos esperándote, ¿trajiste la manzana? O ¿me trajiste un beso?

Tuve que responderle que lo había olvidado para que no se pusiera peor, cuando se nos paso el efecto nos subimos a su auto y tomamos rumbo a la estación de tren, Dios, como me encantaba ese auto, era un auto simpático tenia su propia personalidad y si pudiera hablar tendría mejores historias que la mía, unas calles antes de la estación encontramos por el parque central a Luis Aldana, parecía estar haciendo negocios con un tipo raro, cuando estuvimos suficientemente cerca saque la cabeza por la ventana y ambos gritamos

• o chicho, hoy te vas a morir por loco, y el respondió
• lleguen a la tortuga, hoy voy leer, cuidado no llegan.

El semáforo se puso en verde y un oficial de tránsito nos observaba, tuvimos que arrancar, no pude oír que fue lo siguiente que dijo, ya estábamos muy lejos y Luis tenia la voz muy ronca por eso no podía gritar con fuerza, que personaje, se drogaría tales desde los 14. No lo olvidare, un buen amigo, se encargaba de cuidar a los amigos, no podría decir que aprendí mucho de él pero sí que me enseño un par de cosas, mas tarde me enteraría que esa misma noche asesinaron a chicho en una redada a la tortuga por los cerdos, alguien habría dado información que el grupo estaría reunido esa noche, me entere que antes de matarlo lo torturaron en un callejón, me pregunto si alguien habrá oído sus gritos.

Después de ese episodio de alegría, me sentía un poco más relajado, ya no sentía los botones de mi camisa brincar por el pulso, juro que me encantaba verla conducir sobre todo con esas inmensas gafas que le cubrían toda la cara, no podía evitar la excitación incluso en un momento como ese, pensé que sería divertido jugar un poco pero ella desde hacía mucho estaba llorando, me hizo prometer muchas cosas a las cuales dije que si a todas y algunas ni puse atención pero las más importantes, no te enamores de otra, no te mueras, espérame, etc. etc., seguido de sermones parentales, me causaba gozo verla preocuparse tanto y tratarme como a un niño, supongo que ella tendría mas experiencia que yo en el tema de huir y esconderse.

Solo llegamos a la estación y sonó su teléfono, tenía que volver, una despedida mas y un hasta luego definitivo, después de eso nada parecía ser relevante, compre mi boleto, algo de leer, aborde el tren, y me fui al norte, donde después tomaría otro transporte hasta llegar a la montaña, durante el viaje tuve mucho tiempo para pensar, pero no lo hice.

Se me ocurre en el día y se marchita en la noche

Juntos si pero lejos no podría reposar, como decían sus camaradas, la carne solo es tentadora cuando sabes que no la puedes comer.

Me quería a mí para seguir sirviéndole el café amargo, me quería para amargarle la vida y arrugar la cara y reír.