jueves, 8 de noviembre de 2007

Oda a la esperanza

A quien si no es por ella
Que hacia de la vida con sus promesas
Que siempre llevamos en nuestra barriga
Tatuándonos la vida que jamás dilapidé
Que no sabíamos de quien era, pero si sabia
Que no me pertenecía y que vivir era mucho más que existir
Era automáticamente morir día a día
Que no había diferencia entre frente, regimentó, batallón o incluso sephira
Esa que nos consolaba si no atendimos en el momento que nos explicaban
Como no habíamos de morir


Derrama tu vida sobre la mesa y esta, aun así no será desperdiciada
Y deja que la consuma la espiga y la mortaja
Puede no ser el adecuado recipiente para contener nuestro desbordado torrente vital
Pero algo quedara entre las maderas, como un buen ron deja su aroma
Delicada y sutil delicia huelo del carmín de sus pies
Que habían recorrido de hito en hito los caminos de su escabrosa alma
Soltó en su regazo, un regalo, un pedazo viejo de una vida mortal
Y rompió a llorar y al piso lampaziar
Consumió como alcohol su corazón
Y se encogió como pasa su razón
La esfinge malcriada, malencarada y malhechora
Que anda con sus lápices de aurora
Desdibuja los puntos de un lado del dado
Pero ni con todos los cuchillos ni aun de doble filo
Puede cortar su angustia en dos ni menos dejarla a un lado
Ahora somos tres, el que espera la ondonanza
El que hace como si nada partiese, y la ahora sutil delicadez
Que se convierte en euforia vulgar y atorrante de sus pies.

Toma de mí la sangre y hártate hasta embriagarte
Pero por ningún motivo me faltes nunca ni siquiera hoy
Porque sin ti nada soy.
Venga la Esperanza.

(Discuciones de la esperanza y la decepción)